Tamaño letra:

 

Al cumplirse un mes del deceso de Edgardo Goldaracena y atento la polémica generada en el HCD y redes sociales con motivo de la propuesta de realizar un homenaje a su memoria, deseo expresar lo siguiente: a fines de 1975, fallecido el Gral. Perón, gobernaba el país su viuda, la Sra. María Estela Martínez, si bien su gobierno poseía legitimidad de origen porque había sido elegida en la fórmula que integrara con su extinto marido, la Presidente carecía absolutamente de poder real y evidenciaba una notoria incapacidad para ejercer adecuadamente su mandato.

 

No contaba con el apoyo del Partido Justicialista ni tampoco la respaldaban las organizaciones gremiales que siempre habían sido el soporte del peronismo, a punto tal, que notorios dirigentes gremiales manifestaron que preferían “borrarse” y se ausentaron del país.

 

Las organizaciones armadas peronistas (Montoneros, F.A.R. y F.A.P. denostadas por el propio Perón) y las formaciones de ultraizquierda (E.R.P.) ambas desde la clandestinidad continuaban su accionar violento sembrando terror sin que las Fuerzas Armadas y de Seguridad lograran neutralizar su accionar a pesar de haber recibido la orden presidencial de aniquilar el accionar subversivo.

 

Desde el gobierno se respondía creando organizaciones parapoliciales siendo la más conocida de ellas la A.A.A. organizada y comandada por el Ministro José López Rega. Esas patotas armadas con la excusa de combatir la subversión cometían secuestros, crímenes atroces, todo tipo de actos violentos e inauguraban el mecanismo de la desaparición de personas.

 

En lo económico y social los coletazos del “Rodrigazo” que había producido la mayor depreciación de la historia provocaban una brutal caída del poder adquisitivo y generaba un proceso hiperinflacionario.

 

El gobierno se manifestaba impotente para afrontar ninguno de los problemas y el país vivía una situación de caótico descontrol. En ese marco, alguna parte de la sociedad avizoraba conveniente una intervención militar, otros grupos directamente la alentaban, en tanto que cierta minoría bregaba por una salida institucional que evitara la interrupción del proceso democrático. La viuda de Perón, su entorno y los legisladores oficialistas no tuvieron la inteligencia ni la grandeza necesaria para habilitar tal proceso que implicaba o bien el juicio político a la Presidente, su renuncia o el acortamiento de su mandato mediante el llamado a elecciones anticipadas.

 

Fue en ese contexto que se produjo la intervención militar de marzo de 1976 tolerada y aceptada pacíficamente por la mayoría de la sociedad, prueba de lo cual es que la toma del poder se concretó sin la más mínima resistencia popular ni siquiera por parte del Partido y Organizaciones afines al gobierno. Consumado el gobierno de facto cuyas derivaciones eran impensadas, muchos civiles ocuparon cargos públicos, y así más de la mitad de los intendentes bonaerenses provenían de sectores empresariales, organizaciones civiles o del gremialismo rural.

 

Me consta personalmente que Edgardo Goldaracena fue insistentemente requerido y respaldado por muchos vecinos para aceptar la intendencia, porque consideraban imprescindible que el gobierno comunal fuera ejercido por un buen vecino antes que por un interventor militar.

 

También me consta que esa insistencia y su vocación de servicio fueron las razones determinantes para asumir, no sin dudas, el cargo de intendente municipal. Su gobierno fue austero, prolijo y honesto a punto tal que al finalizar el mismo, tanto el propio Egdardo Goldaracena como sus funcionarios volvieron a su vida privada con la misma situación patrimonial o tal vez con algo menos de lo que tenían al asumir.

 

Más aun, Egardo Goldaracena ni siquiera aceptó tramitar el beneficio jubilatorio al que entonces tenía derecho como ex intendente. El accionar del gobierno municipal de facto fue seriamente auditado por las autoridades democráticas que asumieron después del proceso militar y en el caso del Partido de Patagones no se verificaron a diferencia de otros Municipios ningún tipo de irregularidades administrativas, mucho menos actos de corrupción y sobre todo, no existió ni siquiera una mera denuncia sobre la participación del intendente o sus funcionarios - aunque fuera indirecta- en hechos vinculados con violaciones de los derechos humanos.

 

Por lo expuesto entiendo que mas allá de la ponderación que pueda merecer la decisión de participar en un gobierno de facto y cualquiera sea la opinión que merezcan los resultados del gobierno del ex intendente Goldaracena, el mismo debe ser recordado como un buen vecino que ejerció un gobierno eficiente, probo y decente aun a costa de su bienestar propio y familiar.

 

En lo personal Edgardo me honró con su amistad durante casi toda mi vida, siempre lo recordaré como un hombre frontal, sincero, amigo leal, generoso, absolutamente honesto y permanentemente preocupado por el desarrollo del Partido de Patagones en pos del cual siempre aportó desde las instituciones civiles en las que le tocó participar. Sostengo entonces que, sin mezquindades ni especulaciones, corresponde brindarle el homenaje que indudablemente se merece.

 

Julio Mario Ricca
DNI 10477391
 

Comentarios

Video del día

Noticias Relacionadas