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Persiguen, acosan, repiten hasta el cansancio y logran desviar el foco de atención en los temas más relevantes en las redes sociales. Los trolls son moneda corriente y afectan cada vez más la conversación online. Pero ¿quiénes están detrás y cómo es el perfil de estas personas? La facultad de psicología de la universidad de Federation, Australia, realizó una investigación para averiguarlo. Por un lado, confirmaron que los trolls disfrutan con el sufrimiento de los demás. Pero encontraron algo más: según los psicólogos que llevaron adelante el estudio, el hecho de ser hombre aumenta las probabilidades de ser troll de redes sociales.

 

El informe, de las investigadoras Natalie Sest y Evita March define al troll como alguien que se comporta de manera destructiva, disruptiva, en un contexto social en Internet. Fue publicado en la última edición de la revista científica ‘Personality and Individual Differences‘, en diciembre pasado. ‘Los trolls son generalmente hombres, con altos niveles de psicopatía y, complementariamente, muy baja capacidad de empatía‘, indican los investigadores.

 

De la investigación participaron 415 personas, de una edad promedio de 23,37 años. Se les pidió completar un cuestionario llamado ‘SD3‘, que busca identificar indicios de tres características psicológicas: narcisismo, psicopatía, y ‘maquiavelismo‘ -en honor al filósofo político italiano-.

 

El estudio

¿Cómo se mide el ‘maquiavelismo‘ de una persona? Para cuantificarlo, las investigadoras pidieron a los participantes calificar, en una escala de 1 a 5, una serie de frases, como por ejemplo ‘no es conveniente contar tus secretos‘. El 1 significaba ‘no estoy para nada de acuerdo‘ y el 5 significaba ‘estoy totalmente de acuerdo‘. Para medir la psicopatía, por su parte, usaron frases como ‘diría cualquier cosa con tal de obtener lo que quiero‘. Y para medir narcisismo usaron frases como ‘la gente me ve como un líder natural‘.

 

Después, les mostraron a los participantes diferentes publicaciones de perfiles de redes sociales, con comentarios. Dentro de ellos había algunos típicos de trolls. Por ejemplo, debajo de una publicación sobre una persona que compartía su rutina de estudio, un comentario decía ‘sos un idiota y nunca vas a aprobar el examen‘. Entonces, pidieron a los participantes que puntúen esos comentarios, en la misma escala de 1 a 5 que utilizaron antes. Y después cruzaron los resultados de los dos cuestionarios.

 

Sádicos

Así, el estudio de las investigadoras construye el perfil de un troll de manera ‘indirecta‘. Primero mide los gustos y tendencias de un grupo de estudio, y después infiere que las personas más compatibles con la actividad típica de un troll pueden ayudar a definir el perfil psicológico típico. Esto es una debilidad de la investigación, que las propias psicólogas reconocen. No estudiaron a un troll de manera directa, en acción.

 

Sin embargo, sus conclusiones son similares a las de otro estudio, publicado por las investigadoras Nelli Ferenczi y Tara Marshall en la revista ‘Computers and Human Behaviour‘, y que sí realizó un análisis ‘directo‘ de la actividad de los usuarios de redes. Este último se concentró específicamente en la actividad de Facebook. ‘Los hombres tienen una mayor probabilidad a actuar de manera antisocial en Facebook. Y esa tendencia está relacionada con una también mayor probabilidad de exhibir rasgos sádicos‘, dicen las conclusiones de la investigación, que se basó en una encuesta a 573 usuarios de esa red social, sobre su propia actividad.

 

Las mujeres, según esta investigación, tienden a usar la red social para interactuar de manera ‘positiva‘, para crear conexiones y un sentido de pertenencia, en lugar de llenar su muro de publicaciones que exalten su individualidad, o bien molestar a otros usuarios con comentarios negativos.

 

Ninguno de los estudios, sin embargo, ofrece una interpretación de por qué los trolls actúan de manera ‘destructiva‘, o tienden a ser varones. Para el Dr. Marcos Koremblit, Secretario de Psicoanálisis y Comunidad de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, el troll actúa así porque ‘no encuentra su lugar‘.

 

‘Debemos pensarlo como una modalidad defensiva de alguien que no está todavía pudiendo encontrar un lugar social propio‘, dice Koremblit a LA NACION. Y agrega que ‘los hoy llamados trolls hacen uso de los nuevos recursos tecnológicos como modo de expresión de la crueldad, acosando así a alguien en particular o a su propio grupo de pares; son la modalidad actual de expresión de la crueldad sádica‘.

 

Para Koremblit este tipo de acciones destructivas están presentes tanto en varones como en mujeres, si bien se manifiestan en distintas formas. ‘Son rasgos presentes en la cultura, propios de la condición humana‘, dice.

 

Ejército de trolls

Por su parte, Débora Tajer, Doctora en Psicología y a cargo de la Cátedra de género de la Facultad de Psicología de la UBA, propone destacar la desigualdad de género que se da en el acceso diferencial a la tecnología y también en su uso. ‘Hay un montón de estudios que certifican un uso desigual de las tecnologías de la información, entre varones y mujeres. De hecho hay muchos programas de promoción de mujeres para que ingresen a estas tecnologías‘, dice a LA NACION.

 

Según Tajer, este acceso diferencial tiene que ver con las diferencias de la vida social en general: ‘Los varones se apropian más de la tecnología y de las novedades que las mujeres. No por razones naturales, sino por socialización de género desigual‘. Por otra parte, ‘los varones suelen ser más agresivos que las mujeres en líneas generales‘, dice Tajer. ‘Se permiten ser más agresivos y hay más permiso social en general para que lo hagan‘.

 

Para Tajer, la agresividad de los trolls puede ser interpretada a través del concepto de ‘masculinidad hegemónica‘, de Raewyn Connell. ‘A los varones se les propone que sean agresivos y dominantes como modo de socialización; esto se ve reflejado en la vida social general, y también en Internet‘, sostuvo.

 

Con respecto a los trolls pagos, la especialista señaló: ‘Ahí los varones pueden hacer uso de sus permisos sociales para hacer un negocio. Es una especie de personaje útil. En otro momento era otro tipo de personaje útil, una propuesta social que viene bien, una alianza entre esta forma de socialización y esta construcción social de un nuevo tipo de trabajo‘.


Por Lucas Parera para La Nación.

 

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