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Hugo Moyano no es Pablo Moyano. Pero a veces se le parece. Pablo hubiera dicho que él iba a compartir celda con Franco Macri. Pero lo dijo Hugo. Y Hugo no es el descontrolado Pablo: sabe lo que dice y sabe cuándo conviene decirlo.


Detrás de las noticias sobre corrupción que salpican a él y a su familia, Moyano ve la mano de Macri, no la de Franco sino la de Mauricio. Le habla al presidente hablándole del padre. No es lo mismo que cuando Kirchner chicaneaba a Mauricio como hijo de. Moyano no lo ningunea. Hace otra cosa: le dice que si él va preso por corrupto, por la misma razón debería ir su padre ¿Sabe algo que no sabemos?


El que tiene problemas es Moyano: se siente amenazado por Macri. La Unidad de Información Financiera -UIF-, que combate el lavado de dinero, denunció a dos hijos de su pareja Liliana Zulet, Valeria Salerno y Juan Manuel Noriega Zulet por blanquear más de un millón de dólares. Zulet es la gerenciadora de la obra social de Camioneros.

 

Salerno y Noriega Zulet son dueños de Ancora Constructora y de Dixey, proveedoras de la obra social y del gremio. También de Iarai, una prestadora médica. Investigan la transferencia de 224 millones a esas empresas y la compra de mansiones en Parque Leloir que serían usadas por los Moyano.


Más conocido pero de mucha menor intensidad es el frente de tormenta por el uso de facturas truchas en la que Camioneros comparte acusaciones con otros sindicatos. Importante es lo de OCA, la operadora postal que entró en concurso de acreedores después de una guerra abierta de Moyano con el dueño, Patricio Farcuh, al que él mismo había puesto, derrocó y la Justicia repuso. Oca tiene superpoblación de empleados , una deuda multimillonaria con la Afip y un déficit de $200 millones mensuales.
Es una causa con final abierto como la del combo de violencia y corrupción en Independiente. El jefe de la barra Bebote Álvarez, preso, involucró a Pablo Moyano. En las escuchas hablan de él pero no aparece su voz.


A mediados de diciembre hubo una negociación, la última, que prometía tregua entre Moyano y Macri. Los dos conversaron cuando Independiente ganó la Sudamericana. Hubo un mensaje del presidente a través de Angelici y una visita de Triaca al gremio. Prometía una tregua que terminó en nada. O peor que nada como prueba la alusión de Moyano a Franco Macri.


También, la marcha del 22 planteada como una demostración de fuerza. Pablo, secretario gremial de la CGT, llamó por su cuenta a un plenario de delegaciones regionales para que se sumen a la protesta de su sindicato. Lo presidirán Moyano padre que no forma parte de la conducción de la CGT.


Al Gobierno no lo viene mal pelearse con los sindicalistas más desprestigiados. Le viene mal el momento. Con la reforma jubilatoria Macri perdió popularidad y se vio forzado a cambiar de planes. Bajó el tema laboral y poco menos que congeló el Congreso. Sólo convocará a sesiones especiales para evitar que peronismo y kirchnerismo abroquelados derriben el mega DNU del 10 de enero. Se sabe: no siempre se puede conseguir todo.


Por Ricardo Roa.
Para Clarín.

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