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Sorpresa y media: Irán confirmó a Nisman, no a Cristina Kirchner ni a Héctor Timerman. Y de paso, desairó al ex jefe de la Interpol, Ronald Noble, que tampoco es precisamente un personaje secundario en esta historia.


En una nota, el canciller iraní declaró que su país y la Argentina acordaron en el pacto de 2013 pedir a la Interpol que levantara las alertas rojas sobre los iraníes acusados por la voladura de la AMIA.


La ex presidenta, el ex canciller y el ex de Interpol siempre negaron esa moneda de cambio.


Cristina, Timerman y Noble pueden decir lo que quieran. Pero la nota no es un papel cualquiera: es un documento oficial de Teherán y la respuesta a un reclamo argentino.


La clave está en el punto 7 del pacto que coronó una negociación secreta que empieza a salir a la luz: “Este acuerdo, luego de ser firmado, será remitido conjuntamente por ambos cancilleres al Secretario General [Noble] en cumplimiento a requisitos exigidos por Interpol con relación a este caso”.


Léase fácil: anular las alertas rojas sobre funcionarios iraníes que los ponían a tiro de ser arrestados fuera de su país.


La admisión da por tierra con el principal argumento kirchnerista: que no había concesión alguna en el pacto y que sólo se buscaba conseguir la declaración de los acusados para poder juzgarlos, aunque no fuese acá.


Irán dice sin decirlo otra cosa sobre este punto que permite entender por qué hace lo que hace. Según Irán, el pacto está vigente y, por lo tanto, las alertas rojas están caídas.


Quiere dejar bien sentado esto: “Siguiendo la voluntad política de ambos gobiernos, las instituciones legislativas y competentes de ambos países lo corroboraron y confirmaron”.

 

Aquí el pacto fue declarado inconstitucional por la Justicia y la sentencia quedó firme porque el Gobierno no apeló. Allá lo dieron por firme.


La respuesta de la Cancillería iraní, que tiene mucha más muñeca que la nuestra, busca poner el pacto en el marco del derecho internacional y bajo ese paraguas dar por finalizado el reclamo argentino de las alertas. El kirchnerismo lo hizo. No fue magia.


¿Cómo podía terminar de otra manera si las riendas de la negociación quedaron en manos de D’Elía, Esteche y el camporista Larroque?

 

Aquella Irán era la Irán de Ahmadineyad, el amigo de Chávez. Los Kirchner también lo eran, al punto de que Cristina siguió el consejo de Chávez de acercarse a Irán. Lo usó a Timerman y Timerman aceptó ser usado. Sabrá por qué lo hizo: había en el medio 85 muertos.


Implícitamente, Irán confirmó que cuanto menos hubo encubrimiento. Y que la denuncia de Nisman no era ningún invento.


Es también darle la derecha a la investigación de Bonadio. Otra cosa es que se conozca la verdad.


Por Ricardo Roa para Clarín.

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