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Uno no puede sino alegrarse de ver que los deshonestos y los crápulas son acorralados por los jueces, que para eso están. Claro que es una satisfacción incompleta. La completa sería ver que son condenados después de un proceso judicial incuestionable.

 

Han pasado ya 23 años del atentado a la AMIA y hay un solo condenado y no por ser el autor: el ex juez Galeano, que dirigió la investigación. Increíble. En el ocaso del kirchnerismo, Nisman denunció a Cristina y a su canciller Timerman por el acuerdo con Irán . Según decía el fiscal muerto en esos mismos días, así se pretendió darles impunidad a los presuntos autores, prófugos iraníes buscados por Interpol.

 

No sabemos qué hubo finalmente detrás de ese pacto. El personal diplomático y hasta la Directora de Legales fueron marginados. Si hubo documentos internos, no quedó uno solo. Timerman dijo que era para que la justicia argentina pudiera indagar a los iraníes y así procesarlos.

 

Chávez, que fue el intermediario, intentaba solucionarle un problema a Irán. Y los iraníes buscaban liberar a sus prófugos de las tarjetas rojas de Interpol. Entre ellos un par de la primera línea del régimen.

 

Cuesta llamar a eso traición a la Patria, como lo llama el juez. Bonadio dice demasiado cuando dice que el atentado fue un acto de guerra y que con el pacto se favoreció al enemigo. Más fácil es embocar la figura de encubrimiento, que no deja de ser delito grave aunque con título menos ruidoso.

 

El juez encontró pruebas que se suman a las escuchas del trío inimputable de negociadores: Larroque, de La Cámpora y D’ Elía y Esteche, campeones de aprietes y de escraches y a sueldo de la embajada iraní al igual que su interlocutor Yussef Khalil. Nadie se hubiera sorprendido demasiado si en las grabaciones aparecían otros buscas como Nuñez Carmona y Vandenbroele, socios de Boudou en The Old Fund.

 

Cristina y el kirchnerismo tratan de ensuciar todas las causas, hacer sospechosos a quienes los investigan y limpiar a quienes son sospechosos. En esta también. El pacto fue un acto de Gobierno convalidado por el Congreso y por lo tanto no puede ser revisado por la Justicia. Y como Irán no lo aprobó, carece de efectos.

 

Nadie puede dejar de sentir satisfacción y de agradecer que la justicia empieza a llegar cuando ve rostros visibles de la inmoralidad en el poder como Zannini, el monje negro de los K, yendo a prisión. Pero eso de aplicar prisiones preventivas sin condena es otra cosa y una cosa bien polémica.

 

Era de ver la expresión demudada de Scioli en la conferencia de Cristina, rodeada por su Armada Brancaleone. En una causa por lavado de dinero, ese día habían allanado empresas y propiedades suyas. Probablemente Scioli estaría pensando que si la hora había tocado para Cristina, Zannini y De Vido, pronto le tocaría a él.

 

Por Ricardo Roa para Clarín.
 

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