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Ya lo dijo De Vido desde la cárcel: no seré un Cantarero. Quiso decir que no aceptará convertirse en el chivo expiatorio del kirchnerismo.


Fue una manera brutal de decirles a sus compañeros que no les convenía dejarlo solo. Su locuaz esposa agregó, por si quedaban dudas, que Julio sabía muchas cosas.


Emilio Cantarero fue un senador del justicialismo salteño que admitió que la sanción de la reforma laboral de De la Rúa se había aprobado porque se habían pagado sobornos. El legislador, luego, fue declarado inimputable por el ubicuo ex juez Oyarbide.


El caso provocó entonces una crisis institucional: el vicepresidente Chacho Álvarez renunció a su cargo e hirió de muerte a la Alianza que había llevado a De la Rúa al poder en 1999.


Quince años después, De la Rúa y el resto de los acusados fueron absueltos.


Pero el impacto de la Banelco ha sido de tal magnitud que ahora otro Moyano, Pablo (hijo de Hugo), no dudó en usar el mismo método que su padre para tratar de enchastrar a los senadores ante una nueva reforma laboral.


Y volvió a hablar del método “Banelco” Pichetto, que tiene la llave política para habilitar o no la mayoría en el Senado, que mandó el proyecto del Gobierno al freezer.

 

Pablo Moyano participó de la marcha sindical al Congreso contra la reforma, que hegemonizaron los sindicalistas kirchneristas. Pero no fue esa presión lo que determinó el congelamiento de la ley sino la diseminación de la sospecha. Pichetto metió el freno y le mandó la pelota a la CGT para que se arreglen.


Moyano tiene un problema y ese problema se llama OCA, que tiene una alta deuda fiscal que puede llevar a la quiebra.


El jefe de la AFIP, Alberto Abad, se opondría a que se le otorgue un plan de facilidades, lo mismo que reclama el fondo que dice haber comprado al grupo de Cristóbal López, que también se quedó con el dinero de los impuestos.


¿Es la reforma laboral lo que lleva a los Moyano a esta batalla o hay otros intereses?


En este mundo de versiones envenenadas y de conspiraciones reales o ficticias, se daban por hechas varias cuestiones:


1) que el avance sobre el vicepresidente de Independiente y la barra brava de ese club, era un avance sobre Moyano. Hugo preside Independiente y Pablo está muy metido en ese mundo pestilente que rodea al fútbol.


2) que Pablo se abrió del acuerdo al que había llegado la conducción de la CGT con el Gobierno luego de un diálogo con el Papa. Es difícil creer que haya elegido a ese interlocutor para hablar sobre la situación argentina. Francisco desairó el viernes pasado a los sindicalistas argentinos que habían ido al Vaticano.


3) Cristian Ritondo, titular de Seguridad bonaerense, es vocal de Independiente, y tiene relación personal con el jefe del clan Moyano.


Por Ricardo Kirschbaum para Clarín.

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