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Diez años después, cantaba Andrés Calamaro. Es el tiempo que pasó desde que Cristina Kirchner dio la última entrevista según el sistema conocido históricamente como reportaje: los periodistas preguntan, el entrevistado responde.

 

La última vez fue cuando Marcelo Bonelli y Gustavo Sylvestre lo hicieron para el canal de noticias TN. Ahora fue el periodista Luis Novaresio quien la entrevistó para el portal Infobae.

 

Fue un diálogo atractivo, con algunas preguntas incisivas que la descolocaron, y observado por unas 50.000 personas en promedio a lo largo de las dos horas que se extendió. Largo, como algunas de las cadenas presidenciales que volvió a defender.

 

La ex presidenta lucía el mismo poncho blanco, muy onda María Eugenia Vidal, que viste desde que está en campaña para convertirse en senadora nacional por la provincia de Buenos Aires.

 

El momento cumbre de la entrevista fue cuando Novaresio le preguntó por su enriquecimiento. ¿Cómo hizo para que su patrimonio pasara de 7 millones de pesos en 2003 a 100 millones en 2010? Era la pregunta que hubiéramos querido hacer todos los periodistas y Novaresio la hizo con respeto y con precisión.

 

Cristina sonrió, bebió agua (lo que aconsejan los expertos en coaching mediático ante una pregunta complicada) y agradeció la consulta. ‘Me encanta tu pregunta Luis, me gusta mucho...‘, siguió su libreto la ex presidenta.

 

Los media coachers piden siempre un elogio para el entrevistador y llamarlo por su nombre. En campaña Cristina es una discípula obediente. Pero jamás respondió la pregunta.


‘Ya fue evaluado y fue juzgado judicialmente‘, fue toda la respuesta de la ex presidenta sobre la multiplicación exponencial de su patrimonio mientras ejercía la función pública. Pero no mencionó que el encargado de juzgar judicialmente ese presunto delito fue el ex juez Norberto Oyarbide, uno de los funcionarios judiciales más desprestigiados de la democracia restaurada y quien debió ser salvado del juicio político por el peronismo en dos oportunidades: una por el menemismo y otra, claro, por el kirchnerismo.

 

El resto fue lo previsible para alguien que desprecia al periodismo y detesta responder preguntas complicadas.

 

Las pericias que indican que la muerte del fiscal Alberto Nisman pudo ser un asesinato, justo cuando se disponía a denunciarla por encubrir supuestamente a los autores del atentado a la AMIA, para Cristina son ‘un disparate‘.

 

A las menciones a la represión en Venezuela respondió preguntándole a Novaresio si Milagro Sala no era una presa política.

 

Para la ex presidenta, el gobierno de Macri es ‘una democracia pero cuestionada‘ y la Corte Suprema de Justicia ‘está sospechada en su independencia‘.

 

Cristina jamás se animó a bañarse en el Jordán de la autocrítica.

 

Por Fernando González para Clarín (Frag.)

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