Tamaño letra:

 

 

Cristina trata de atraer al peronismo que apartó y a la izquierda dura que nunca la reconoció.


El 21 por ciento habilita una senaduría nacional pero, desde el vamos, no asegura competencia para 2019.

 

Habrá que ver cómo el resultado influye sobre un peronismo aún desconcertado después de haber cedido el poder en 2015.


La pregunta que tenía atrapado al país antes de las PASO era qué iba a pasar si ganaba Cristina Kirchner. La respuesta parcial, porque se trata de una virtual primera vuelta, es que ganó por el canto de una uña pero que las expectativas sobre octubre no provocan la conmoción tan proclamada.


Cristina aprovechó el levísimo impulso para retomar el discurso épico en su relanzamiento de ayer –miércoles 30 de agosto-.


El kirchnerismo es consciente de que la ínfima victoria no es garantía de triunfo en octubre. El oficialismo también. Festejó por anticipado algo que no se comprobó en el escrutinio definitivo y está obligado a un esfuerzo mayor.


Si los pronósticos para agosto eran favorables a Cristina, algunos hasta holgadamente favorables, las centésimas que le dieron el triunfo ahora no envuelven al kirchnerismo en un clima victorioso.


Las encuestas, que hay que analizar con precaución para evitar irse a la banquina, colocan al oficialismo en una mejor posición, por encima de Unión Ciudadana.


Cristina tiene una porción electoral interesante, aunque no es suficiente para lo que ella necesita políticamente. Le alcanza para ser senadora pero, al parecer, precisa más poder para tratar de remontar la empinada cuesta de controlar al peronismo y, a la vez, ponerse a salvo de las acechanzas judiciales por corrupción.


En la Provincia quiere atraer al justicialismo que había rechazado y seducir a los sectores de la izquierda dura, pidiéndoles el “voto útil” para enfrentar al ajuste económico.


Sin embargo, en agosto el voto se motivó más por la política que por la economía, que además ahora está mostrando algún progreso consistente.


La necesidad de ampliar su base conduce a la ex presidenta a buscar una mayor exposición mediática. El intento de presentarse en el living de Susana Giménez patentizó su necesidad política. No quiere decir que haya mudado su descalificación de medios, farándula y periodistas.


El otro punto duro de la estrategia de Cristina es presentarse como la única y verdadera oposición a Macri, reduciendo a los gobernadores peronistas a un conjunto de tibios negociadores a merced de la coparticipación.


Algunos de los mandatarios peronistas esperan que después de octubre se disipe el horizonte para renovar su conducción. Esto significa que no tienen mucha confianza en la performance electoral de la ex presidenta.


María Eugenia Vidal, a su modo, también relanzó su objetivo. Al lado de Macri, en Florencio Varela, proclamó: “Vinimos para quedarnos”.


Eso significa que si triunfan en octubre ella irá de nuevo por la gobernación y Macri aspirará a la reelección.


Aquí también habría que aplacar los entusiasmos y recomendarles no comer el asado antes de encender el fuego.


El hecho es que Macri respira y el peronismo que proyectó con Cristina Kirchner mandando era un obstáculo de movida para 2019, también.


Al gobierno le queda mucho por hacer gobernando y al peronismo lo mismo, renovándose.


Aunque distintas, las dos son promesas en trámite.


Por Ricardo Kirschbaum para Clarín.

Comentarios

Video del día

Noticias Relacionadas