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En julio de 1916, tres presos huyeron de la cárcel de Córdoba. Aquí la crónica de la fuga a cargo de la revista Caras y caretas:

 

Por segunda vez ocurre en la penitenciaría de Córdoba una evasión de penados, lo cual prueba que desde la primera huida, nada o muy poco se resolvió para prevenir sucesivas tentativa de fuga. En el presente caso, tres penados hicieron un agujero en el piso de la celda 240, desde el cual siguieron haciendo la galería subterránea, de quince metros, hasta la calle, y pudieron evadirse de esa manera.

 

Al conocerse el hecho, el comentario público versó alrededor del mismo en términos poco halagadores para las autoridades del establecimiento, que va tomando el aspecto de una ratonera.

 

Las autoridades cordobesas lograron capturar a uno de los fugitivos que fue reintegrado a la prisión, donde confesó las peripecias y dio detalles de la manera como habían preparado la escapatoria, trabajando si ser molestados ni despertar sospechas, si bien no está claro como en una penitenciaría pueden pasar desapercibidos trabajos de excavación realizados por los presos.

 

El director del establecimiento, como buen previsor, exclamó al saber de la novedad: “Sospecho que hayan hecho otras salidas estos diablos”. Y, a renglón seguido, una sección de bomberos comenzó a cavar una especie de trinchera que circundó el edificio con el objeto de buscar rastros de galerías o excavaciones subterráneas.

 

A pesar de la ligereza con que los buenos hombres hicieron su labor, no aparecieron más cuevas, ni los prófugos volvieron a caer en manos de la justicia.

 

Se atribuye la actitud de los penados a que la alimentación es deficiente, si bien sólo es admisible creer que quien pierde su libertad ansía recobrarla aun a costa de todo; y que las cárceles destinadas a guardar la delincuencia, deben tener todas las garantías, de modo que nadie pueda burlarlas, dando margen a que se juzgue desfavorablemente los sistemas carcelarios del país.

 

La revista no volvió a informar sobre el tema y una revisión de los periódicos de los días siguientes no informa sobre la captura de los fugitivos, lo que induce a pensar que no han sido atrapados.

 

Daniel Balmaceda en Historias Inesperadas. 

Blog de La Nación. 

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