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DRID. El gran descubrimiento de los políticos argentinos en campaña es lo barata que sale la empatía. Se requiere no mucho más que la paciencia de tomarse unos mates con vecinos seleccionados por el partido -en lo posible humildes-, abrazarlos como se abraza a un amigo, dejarlos hablar. Hay que guardar por un tiempo la ropa cara. Ni hablar de las joyas. El mayor gasto se lo lleva el camarógrafo contratado para retratar la escena desde una distancia prudencial, como si no estuviera. Todo ganancia: el que oye a otro incluso se ahorra pensar qué va a decir.


El camino a las elecciones se convirtió en un talk show entre personas normales, a las que la ficción del marketing intenta nivelar.


El artificio resulta novedoso en el caso de Cristina Kirchner, tan hecha al monólogo. En 2015 perdió en su ley, sin atender siquiera consejos de mínima lógica para prevenir errores que la encaminaban al desastre. Ahora, cuando sospecha que en juego no está sólo el poder sino su libertad, se rindió al signo de los tiempos. Discursos cortos, tono sereno, look sencillo, sonrisas, predisposición a escuchar.


Al ego lo alimenta por contraste. Sus presentaciones rodeadas de trabajadores, estudiantes y comerciantes a los que entrevista en público para que revelen las miserias del modelo macrista le permiten glorificar su era en el gobierno. La indignan la inflación, la inseguridad, ¡la falta de institucionalidad! De las palabras prohibidas de antes mantiene una fuera de su diccionario: corrupción. Tampoco la usa Daniel Scioli, a quien le cayó el papel de recorrer barrios relegados para charlar con afectados por el ajuste.


Macri se siente imitado. El timbreo y el cara a cara televisado ya le rindió en su campaña presidencial. Lo humanizó, le dio una soltura que no tenía, cimentó su confianza.

 

¿Por qué cambiar?


Quien quiera saber para qué pide tener una mayoría en el Congreso, que espere. ¿Cuáles son esas reformas que necesita para sacar el país adelante? ¿Flexibilizará las leyes laborales, piensa en una reforma impositiva, achicará el Estado? Paciencia: ahora es momento de compartir la esperanza de vecinos que creen en el cambio. O de inaugurar obras aunque ya se hubieran inaugurado antes. Es más probable ver al Presidente estos días con casco que con corbata.


Los mensajes de Macri y de Cristina se tocan. Los dos venden ‘futuro‘. Ella lo entiende como el regreso a un pasado ilusorio de bonanza igualitaria. Él, como la perseverancia en este presente por ahora gris.


Quieren que se vote con el corazón. Y que nadie los culpe a la hora del desengaño. Ya lo dijo alguna vez Jacques Chirac: “Las promesas sólo comprometen a quien se las cree”

 

Martín Rodríguez Yebra para La Nación.

 

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