Tamaño letra:

El 19 de julio se cumplieron 10 años del fallecimiento de Roberto Fontanarrosa, escritor, humorista gráfico y gran provocador de risas y reflexiones. Rosarino y fanático de Central, dejó una huella en su manera de contar historias y también en el arte de las historietas.


Creador de míticos personajes como “Inodoro Pereyra” o “Boggie el aceitoso” y autor de libros como “Usted no me lo va a creer”, “El mundo ha vivido equivocado” y “La Mesa de los galanes”, se ganó el reconocimiento no solo del público sino también de colegas. Tal es la admiración por Fontanarrosa que muchos de sus cuentos fueron adaptados a la televisión y otros tantos siguen siendo representados en obras de teatro.


Múltiples homenajes se realizaron estos días recordando a Fontanarrosa y hay hasta quienes siguen proponiendo cambiar la fecha del Día del Amigo y que sea la de su nacimiento.


Pero más allá de toda su obra, riquísima por cierto, hay un hecho particular por el cual también merece ser recordado.


De eso justamente se encargó el diario La Capital de Rosario y la anécdota refiere al 17 de noviembre de 2004 al iniciarse el Congreso Internacional de la Lengua Española en Rosario. Una edición que pasó a la historia, entre otras, por la brillante exposición de Fontanarrosa con su alocución sobre las “malas palabras”.


El diario Página 12 describió en aquel momento que la intervención de Fontanarrosa, acaso la menos académica del Congreso fue sin duda una de las más lúcidas, por la manera en la que dejó flotando un puñado de preguntas ineludibles entre la audiencia. Y lo notable, como en sus cuentos, es que el Negro hizo reír a carcajadas limpias a la mayoría de los espectadores: no leyó, y aunque se llevó un machete, prescindió de sus apuntes manuscritos porque se había olvidado los anteojos. “Se me ocurrió hablar sobre las malas palabras”, comenzó, distendiendo el ambiente del teatro El Círculo. “No sé qué tiene que ver con esto de la internacionalización, pero una persona que logra decir correctamente esta palabra puede subir al escenario y hablar”.


“Mi viejo puteaba mucho, a lo mejor porque venía del deporte. Me acuerdo que mis primos decían ‘Vamos a jugar al tío Berto‘. Entonces se encerraban en una pieza y se ponían a putear”, sorprendió el Negro, en medio de las risas de todo el teatro.


En otro tramo de su hilarante disertación, se refirió a “la fuerza” de las letras y ejemplificó: “Hay otra palabra fundamental en el idioma castellano, que es la palabra ‘mierda‘, que también es irremplazable. El secreto de la contextura física está en la r, que los cubanos pronuncian mucho más débil -mieLda- que suena a chino y en eso está la base de los problemas que ha tenido la Revolución cubana, en la falta de posibilidad expresiva”.


Sobre el final, propuso que se atienda “esta condición terapéutica de las malas palabras” y pidió “una amnistía para la mayoría de ellas”.

Comentarios

Video del día

Noticias Relacionadas