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(La Nación) Juan Carlos Colombres, popularmente conocido como Landrú, murió el jueves a los 94 años. Referente del humor político a lo largo de más de siete décadas, fue un fino observador sociológico, delineando como pocos las arbitrarias leyes y registrando con precisión el lenguaje y el modo de pertenencia de las clases de nuestro país.


‘El humor político de Landrú es una lima sorda: va poniendo en su lugar los ridículos‘, resumió el presidente de la Academia Nacional de Educación, Pedro Luis Barcia.
Nació en 1923 y publicó su primer chiste en la revista Don Fulgencio, de Lino Palacio, en 1945, donde su hermano Jorge Palacio, más conocido como Faruk, le sugirió usar como seudónimo al célebre asesino serial francés, que se convertiría en su sello de éxito, tanto como los gatos que pueblan sus viñetas.


Su primer dibujo mostraba ya su afiliación al absurdo. En él, un hombre que le dice a su novia: ‘Matilde, quiero casarme con vos‘. ‘Yo también‘, responde ella. ‘Caramba -suelta él-, las cosas comienzan a complicarse.‘ De aquella época es también otro personaje que, muy avergonzado, se dirige a la mujer con la que está casado desde hace 40 años: ‘Tengo que confesarte algo espantoso: soy negro‘.


En Cascabel aparecieron sus primeros trabajos de humor político, y en 1957 fundó Tía Vicenta, la revista que con ironía cuestionó la dirigencia hasta su clausura, en 1966, durante el gobierno militar de Onganía. Sería el comienzo de sus clásicas caracterizaciones de políticos y gobernantes, como ‘La morsa‘ (el mencionado Onganía), ‘La tortuga‘ (Illia), La pantera rosa‘ (Videla) y el ‘Chapulín colorado‘ (Alfonsín).


Cuando se cumplieron 30 años de la censura Landrú recordaba ese momento en La Nación Revista: ‘La noche antes del golpe fui a una cena donde un amigo me comentó que Onganía iba a tomar el gobierno‘, ordena la historia Landrú. ‘Otro de los chimentos fue que al personaje le decían la Morsa o el Morso. Al día siguiente conté todo en la redacción, y en medio del jaleo Ignacio Anzoátegui -un colaborador de la revista que era poeta, exjuez, y que escribía siempre notas con lenguaje legal- tuvo la ocurrencia de hacer un Estatuto de la Morsa, donde figuraba como director Juan Carlos Landrú.


Después me dijeron que fue esa firma, y no el dibujo de la tapa -dos morsas con bigote de Onganía- la irritación mayor. Parece que lo tomó como un insulto a su señora mamá, quien le había puesto el nombre Juan Carlos con tanto cariño ¡y nosotros lo estabamos tomando en solfa! Nunca pensó que yo también podía llamarme Juan Carlos‘.


Antes y después de Tía Vicenta, su genio tuvo lugar en las páginas de Vea y Lea, Avivato, Pobre Diablo, Rico Tipo, Patoruzú, Sucedió con la Farra, Dinamita, Gente de Cine, Loco Lindo, Leoplan, Gente y la Actualidad, Somos, Mercado y los diarios El Mundo y Clarín. 

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