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Cerraron las listas y aunque falten dos semanas para el comienzo formal de la campaña hacia las PASO, empezaron otra vez las encuestas a ser utilizadas como material de propaganda por los candidatos.


El foco excluyente está puesto sobre la provincia de Buenos Aires. Para los cerebritos de campaña, al menos en esta etapa, tan importante como instalar el discurso propio es crear la sensación de que uno está para grandes cosas y que los demás son una banda descontrolada sin posibilidad alguna de ganar la votación.


Y que si en todo caso algún rival tiene alguna esperanza de victoria, sólo la alcanzará para arruinarles la vida un poco más a los pobres compatriotas de a pie. Nada que no hayamos visto antes. Y lo que estamos viendo es sólo el principio.


El Gobierno ya dejó saber que en sus encuestas va ganando. Dicen que la candidatura de Esteban Bullrich está entre el 32% y el 34% y que Cristina se arrima al 27% o 28%.


No revelan de quién es el sondeo, pero en la Casa Rosada suelen trabajar con la consultora Isonomía, que ni a palos difunde oficialmente sus resultados.


Los ultra K, ahora maquillados como Unidad Ciudadana, también dejaron saber que en sus encuestas van ganando. Tienen a Cristina en casi 34% y a dupla oficialista Bullrich-Gladys González apenas en 24%.


Los datos son de Analogías, una consultora en su origen cercana al radicalismo que hace cuestión de un año fue comprada por dos emisarios de Máximo Kirchner.
Sergio Massa no dice que está ganando pero se lo hace decir a otros. Con picardía, usa un método indirecto.


Un par de consultoras que trabajan en su órbita dan a conocer resultados que lo ponen al frente de la competencia. Estaría sobrepasando el 30% de los votos y aventajando, por más o por menos, una vez al Gobierno y otra vez a Cristina.

 

Siempre hay quien difunde con fruición esos datos. Que parezca un accidente.


Con un agregado interesante: la misma consultora cristinista consignó que si se miraba por sello político la diferencia se reducía a dos puntos: 33,5% para Unidad Ciudadana y 31,4% para Cambiemos.

 

Este punto lleva a una discusión central de la campaña: quién y cómo podrá ampliar el núcleo duro de votantes, para así quedarse con el triunfo.


No es que los encuestadores se dediquen solamente a medir la intención de voto del cliente que los contrata y sus competidores. Pesquisan y ponderan muchos más elementos. Pero ese recorte parcial y engañoso, el presunto numerito electoral, es lo que los comandos políticos o los mismos consultores distribuyen con especial interés y lo que los medios y periodistas consumimos y difundimos con una enjundia notable.


Entre expertos en opinión pública, consultados de modo sistemático en los medios, el debate más interesante hoy gira en torno de las hipótesis acerca de si la polarización que buscan Macri y Cristina podrá concretarse, como todo indica; o si Massa y mucho más lejanamente Florencio Randazzo consiguen filtrar un discurso intermedio y despolarizador que les permita alcanzar volumen electoral.


De cómo resulte la definición de este conflicto puede basarse la diferencia entre triunfo y derrota.

 

Hay otros elementos, más abarcadores y menos politizados si se quiere, que conforman el cimiento sobre el que se construirá la decisión electoral.


Es la percepción de la gente sobre el estado de las cosas, en el país y en su casa, y su expectativa futura.


Eso conforma el humor político de la sociedad, una incógnita que en cualquier elección nadie termina resolviendo mejor que el candidato ganador.


Sobre ese punto avanza un trabajo de alcance nacional, en 1.200 casos de la consultora OPSM, que también mide y difunde intenciones de voto.


Ese sondeo describe un escenario social pleno de confirmaciones y contradicciones. Conviven el reconocimiento crudo de las dificultades del presente con la esperanza de mejoras en el futuro y opiniones fuertemente encontradas sobre el pasado.


Surgen de allí estos seis datos clave:


• Desde el punto de vista social y económico, las cosas están bien para el 22,2%, regular para el 36,2% y mal para el 41,3%.


• Los que dicen apoyar la gestión de Macri son el 58,9% y los que aseguran no apoyarla llegan al 38,6%.


• Las cosas tenderán a mejorar para el 56,6% y a empeorar para el 25,9%. Y en lo económico el 54,4% espera mejoras y el 41,4% dice que todo seguirá igual o peor.


• Para el 26,3% el balance del gobierno de Cristina fue positivo y para el 70,9% resultó negativo.


• El 21% sostiene que su calidad de vida mejoró con Macri; el 37,3% dice que estaba mejor con Cristina y el 27,8% responde que con ninguno de los dos.


• El 39,7% dijo estar a favor del Gobierno; 23,5% a favor de la oposición y el 35,8% ni una cosa ni la otra.


El público no parece atado a ideas establecidas y se permite más libertades de las que la estrategia electoral clásica está en condiciones de soportar.


Lo peor que se puede hacer es forzar una simplificación de estas sensaciones encontradas.


Propaganda aparte, los candidatos no tienen más remedio que trabajar duro para entender a qué país le van a pedir el voto.


Por Julio Blanck.
Para Diario Clarín.
 

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