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Martín Miguel Juan de la Mata de Güemes Montero Goyechea y la Corte nunca fue retratado. La prematura muerte del prócer salteño, a los 36 años, nos privó de contar con una imagen real para la posteridad.


Entonces, ¿de dónde provienen los retratos que conocemos? Derivan de las narraciones más o menos imprecisas de los contemporáneos del héroe. Bernardo Frias, primer biógrafo de Güemes, recaudó información consultando a compañeros y amigos. Así pudo saber que cuando era niño cayó del caballo y el golpe le dejó una cicatriz en el párpado derecho. Por su`parte, Dionisio Puch, cuñado del general muerto en acción en tiempos de la Guerra por la independencia nacional, dijo que “su mirada expresaba la firmeza del guerrero y la benevolencia del filósofo”.


Gracias a las descripciones, puede concluirse queGüemes era alto, superando el metro ochenta, de cabellera abundante y ondulada, frente espaciosa y nariz recta, perfil delicado, ojos almendrados y una barba abundante que cuadraba con el rostro.

 

Pero cuando se decidió contar con una imagen oficial, lo que definió el enigma fue un daguerrotipo de su hijo, Martín del Milagro Güemes Puch (a quien vemos en el óleo de la derecha). Su mujer -y además prima-, Adela Güemes Nadal aseguraba que su marido era muy parecido a su suegro. Algunos paisanos que conocieron al caudillo confirmaron su versión.


La imagen del patriota, casi de cuerpo entero, fue realizada por Eduardo Schiaffino en el año 1902, ochenta y un años después de su muerte. Schiaffino compuso el rostro basándose en los relatos recopilados por Frías y en la imagen del hijo parecido. Pero además reunió a tres nietos del héroe gaucho quienes posaron para el artista. De cada nieto tomó un detalle: la frente de uno, la nariz y boca del siguiente, y la barbilla y orejas del otro.

 

Este retrato del caudillo se encuentra en el Museo de Bellas Artes de la provincia de Salta.
 

Por Daniel Balmaceda en Historias Inesperadas- blog del diario La Nación. 

 

Balmaceda es miembro titular y vitalicio de la Sociedad Argen­tina de Historiadores y miembro de la Unión de Cóndores de las Américas. Es autor de numero­sos libros, entre ellos, Espadas y Corazones, Romances turbulentos de la historia argentina, Historias de corceles y de acero, Biografía no autorizada de 1910, Estrellas del pasado, Histo­rias de las palabras e Historias de letras, pala­bras y frases.

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