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‘Según el horóscopo, sólo hay doce tipos de personas. Todos los gritones irascibles, por ejemplo, son de Aries; las personas tranquilas e inseguras, en cambio, son de Libra.


Los que hablan mucho de sí mismos, se miran al espejo a cada rato y hacen ostentaciones banales son de Leo, y los que además de ostentar son vengativos nacieron en la casa de Escorpio. Pero además de este catálogo de personalidades, la astrología propone también doce destinos: doce panoramas laborales, doce estados de salud, doce situaciones de pareja y doce sorpresas para el fin de semana.


Cuando una mujer se sienta a leer el horóscopo, puede saber, por ejemplo, que los de Aries van a engordar hasta el lunes que viene mientras que los de Capricornio permanecerán inapetentes.


Si esto es cierto, si el mundo no es más que la repetición de los mismos patrones de gente, las personas únicas, entonces, no existen.


Las mujeres inolvidables serían un invento de las canciones de amor y cada uno de nosotros se encuadraría en la repetición de estereotipos tan cerrados como los signos del zodíaco.


Sin embargo, aún desestimando los astros, podemos llegar, por otro camino, a la misma conclusión. Si nos tomáramos el trabajo de examinar a todas las personas que conocimos en la vida, desde nuestros abuelos hasta nuestros primeros compañeros de juego, descubriríamos que toda la variedad del género humano se repite como una monótona guirnalda de muñequitos de papel: que un amigo del barrio es igual al inventor de la ensalada César, a un jugador de fútbol brasilero, y a un actor de reparto en una serie de televisión. Y que no son parecidos porque tengan la misma nariz, sino porque comparten el mismo mapa de obsesiones y una infancia en común. A lo sumo los alejan algunos sueños anecdóticos o un par de ideas. En lo demás, son un mismo animalito compelido a las mismas rutinas.


Pero esta similitud es, para algunos, inaceptable y dolorosa. Porque cuando alguien realiza una acción extraordinaria piensa que es único. Que sólo él es capaz de amar de esa manera tan intensa, o contraer la peor enfermedad de todas. Las mujeres infieles, por ejemplo, se sienten únicas al realizar su infidelidad, penosamente únicas o jubilosamente únicas o culposamente únicas.


Pero en realidad, como todo lo que existe en el universo, también pueden ser catalogadas; quizás no sólo mediante arquetipos, sino también a partir de ejemplos que los ilustren....‘.

 

Por Carolina Aguirre.
Blog Bestiarias. 

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