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Durante tres décadas fue el músico más famoso de la Argentina no ligado al tango. Se llamaba Feliciano Brunelli y creó un tipo de orquesta, a la que denominó “característica”, que estaba dirigida por un acordeón y no tenía bandoneón como la “típica”. Tocaba tarantelas, jotas y pasodobles para la gran masa de inmigrantes, muchos de los cuales vivían en el campo o en ciudades del interior y también gustaban de valsecitos criollos y rancheras, otra de las especialidades de Brunelli.


Hijo de padre italiano y afinador de acordeones, nació en Marsella, Francia, y llegó muy chico a la Argentina. Se radicó en Rafaela, típica ciudad de inmigrantes italianos. Empezó a tocar en bailes y cines hasta que en 1928 registró sus primeros discos. En total grabó casi ochocientos temas hasta 1966.


Aunque no hay números oficiales, Fernando Raymond (cantor que integró la orquesta entre 1944 y 1948) aseguraba que, por ejemplo, el clásico de 1947 “Mi vaca lechera” (“Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera”) tuvo una distribución de ¡400.000 ejemplares en la primera edición! Se agotaban rápidamente. El censo nacional de ese año arrojó quince millones de personas en la Argentina, lo que permite comprender la magnitud de las ventas.


Hasta 1940, con conjuntos pequeños (dúo, trío y cuarteto) Brunelli descolló en bailes y también en la radio: durante 25 años fue artista exclusivo de Radio Belgrano. Luego, con la orquesta que armó en 1935, fue acomodándose perfectamente al gusto de sus millones de seguidores: marchas brasileñas, cumbias colombianas, música de películas argentinas y de Hollywood, o los nuevos ritmos, como el baión y el swing.


Los autores se peleaban para que Feliciano les grabara un tema. El maestro Mario Clavell le acercó un bolero. Brunelli le dijo que se lo grababa, pero en ritmo de fox trot, ya que era muy lento para el estilo de la orquesta. “Grábelo, como sea, pero grábelo, por favor” fue la respuesta del joven cantante. Contar con una obra ejecutada por Feliciano era el camino directo a la fama y las ganancias por los derechos. Como su música no estaba encasillada ni en el jazz ni en el tango, hoy poco se conoce de quien fue uno de los músicos más populares de nuestro país.


La “Nueva Ola”, música promocionada desde las grabadoras a través de la radio y la incipiente televisión, marcó el fin de su larga trayectoria. En 1966 se retiró y dedicó a atender su famosa casa de música del barrio porteño de Once. Murió en 1981. Cuatro años después, una de sus grabaciones de “Barrilito de cerveza” reverdeció al ser incluida en el cierre de “Esperando la carroza”.

 

Por Daniel Balmaceda.
En Historias Inesperadas. 

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