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Recordamos al escritor uruguayo al conmemorarse el 13 de abril dos años de su partida. Extracto de “El derecho al delirio”.

 

¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?

 

El aire estará limpio de todo veneno que no provenga de los miedos humanos y de las humanas pasiones.

 

En las calles los automóviles serán aplastados por los perros.

 

La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por el ordenador, ni será comprada por el supermercado, ni será tampoco mirada por el televisor.

 

El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha o el lavarropas.

 

Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir no más.

 

En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar sino los que quieran cumplirlo.

 

Nadie vivirá para trabajar pero todos trabajaremos para vivir.

 

Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.

 

Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.

 

Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.

 

La solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo.

 

La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero.

 

La comida no será una mercancía ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.

 

Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura porque no habrá niños de la calle.

 

Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero porque no habrá niños ricos.

 

La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla y la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.

 

La justicia y la libertad, hermanas siamesas, condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.

 

En Argentina las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

 

La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las tablas de Moisés y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo.

 

Seremos imperfectos porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses.

 

Pero en este mundo, en este mundo chambón y jodido seremos capaces de vivir cada día como si fuera el primero y cada noche como si fuera la última.

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