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Se puede hablar de mil cosas debajo de las sombrillas, pero todo el mundo coincide que se viven tiempos complejos, cargados de incertidumbre. Pero la buena onda del verano termina tiñendo de optimismo las charlas y poniéndole buen humor incluso a los malos ratos vividos. Un tema que ya todo el mundo toma a la chacota es el deterioro violento y simultáneo que mostraron las calles de Viedma en el año que queda atrás. Todos reconocen el esfuerzo municipal, algunos por el lado bueno y otros para decir que fue insuficiente.


   En ese plano, el de reparar calles hay cosas que parecen diseñadas por mandinga, que una variante criolla del diablo. Veamos. Cuando uno encuentra un pozo y golpea el auto maldice (o putea, en criollo) al instante. Esté en Kabul, Londres u Viedma. El problema es que nosotros estamos en Viedma donde sufrimos una epidemia de pozos. A la primera puteada le sigue la esperanza por el arreglo del pozo. Mandinga, o el funcionario responsable cierra la calle luego que uno transitó hasta el cierre y tiene que retornar en contramano. Segunda puteada. Si tiene que estacionar en la calle cerrada está llena de autos en las laterales porque vaciaron la que están reparando y encuentra estacionamiento a dos o tres cuadras, con suerte. Tercera puteada. Cuando viene la cuadrilla de asfalto, sin avisar, te prepotean hasta que se retira el auto y nadie avisa cuando comienza y cuánto durará el operativo. Cuarta puteada y alguna quinta por las dudas.


Seguramente no es tarea sencilla, pero no estaría mal anunciar con antelación las cuadras que se repararán. Hacerlo en la boleta de impuestos, por las radios y hasta con un volante en las calles de los trabajos. O por celular a los vecinos afectados. Durante la labor cerrar una cuadra antes con un operario que explique, informe el tiempo del trabajo y aconseje por donde esquivar la obra. El ciudadano se encuentra con una valla despintada, una cinta de plástico y un operario con cara de si avanzás un metro o me preguntás algo sos boleta. Más que esquivar la obra lo que se pone en marcha es una desordenada fuga para evitar males mayores. Todo esto en la ciudad en la que vivimos, conocemos al dedillo y en las calles de nuestro barrio. Imaginemos por un instante la reacción de un visitante o turista que llega por primera vez.
De todas maneras de a poco la emergencia vial queda atrás, pero no es lo mismo una puteada que cinco, más cuando unas tres podrían haberse evitado.
 

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