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Como siempre los precios en las vacaciones se llevan la mitad de las charlas. En El Cóndor llama la atención que hay menos lugares para salir a comer. Parece que hay una política dirigida a hacer todo en casa. Ni hablar de un buen desayuno frente el mar, aunque no se descarta que aparezca alguno allá por la última semana de enero, porque eso suele pasar en nuestras costas donde los potenciales inversores se entusiasman la primer semana y salen a armar el negocio en diez días.

 Tampoco hay cómo proveerse de combustible a diferencia de otros años. Las calles están más limpias de arena, aunque de noche la mayoría de los reflectores permanecen apagados porque al parecer están quemados.
 Lo más común es que una familia numerosa disfrace una cena afuera con un par de picadas de productos de mar abundantes con cervezas redondeando un precio de 120 pesos por persona. Una manera de gambetear la realidad, salimos a cenar afuera por un par de docenas de facturas. Antes del postre se marchan a la casa porque a los menores les dio sueño, cuando no se durmió alguno. Para gastar lo justo son interminables las maniobras, por algo los argentinos damos cátedra en aquello de surfear las malarias económicas.
 Mientras la grieta se profundiza, no la de kirchneristas y anti, o peronistas y gorilas. La grieta que se ahonda es entre los que trabajan y los que no tanto. Docentes, estatales, legislativos, judiciales, abogados, están ‘de receso‘ desde mediados de diciembre en que comenzaron a despedir el año. Así estarán hasta febrero y algunos hasta fines de febrero. Mientras el resto de los mortales espían el fin de semana para vacacionar. Nadie deja de percibir sueldos por los que se preparan para arduas paritarias que impedirán que la inflación los deteriore. Al costado un tercio del país integra la llamada pobreza estructural, un eufemismo que los define como ajenos a cualquier mejora económica.
Prohibido bajonearse y menos en el verano, que el país lo arreglen en Intratables y en todo caso nos vayan contando Santiago Del Moro y Alejandro Fantino cómo son las cosas. Por ahora prestemos atención al viento, el calor, el cronograma salarial, los incendios y los precios, que con eso tenemos de sobra.
 

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