Actualmente en el predio hay alrededor de 75 familias, algunas acordaron con los titulares y pagaron los terrenos tomados, otras familias están a la espera de una resolución.
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Por Nelson Namuncurá.
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Fotos: Nicolas Rodriguez.

 

La denominada “Toma del barrio Santa Clara” cumplió diez años y Noticias dialogó con algunos de los vecinos que por necesidad decidieron en el caluroso verano de 2009 ocupar un predio que hasta ese momento era todo baldío.


A diez años de aquella iniciativa las familias que ocuparon lotes pasaron de todo, desde la euforia de llegar a un acuerdo en la Justicia, por medio del Gobierno Provincial y Nacional, hasta la amargura de una sentencia que los obligaba a desalojar el predio.


Al día de hoy en la “toma”, que va desde la calle Formosa, hasta Schieroni, entre Sor Picardo y Corrientes viven unas 75 familias.


Algunas de ellas han logrado regularizar su situación, luego de llegar a un acuerdo con alguno de los integrantes de la sucesión Napp Somoza, otros están camino a un acuerdo y son los menos quienes están a la espera de una solución.

 

Consultada al respecto, la vicepresidenta de la junta vecinal del barrio, Natalia Lafquen, quien vive en el sector, expresó que “a pesar del paso de los años la lucha continúa, hay familias que arreglaron con los dueños y otras que no, pero la mayoría estamos en diálogo porque queremos solucionar esta situación para poder bajar los servicios. Actualmente estamos en ese trámite para poder contar con los servicios básicos”.
 

La toma
 

En conversación con este medio, Paula Suárez comentó que la toma comenzó en enero de 2009, “en esa época con mi pareja alquilabamos un departamento a la Inmobiliaria Capponi. Justamente ellos me decían que ese terreno lo había adquirido en un remate judicial del Municipio, porque la sucesión Napp Somoza tenía deuda con la comuna”.


Recuerdo que en esos años pensábamos “porqué en vez de hacer eso, el Municipio no adjudicaba los lotes a familias que estaban en las listas de espera y luego les cobraba por la tierra. La idea quedó ahí, paso el tiempo y una noche al llegar a casa me encuentro con que varios vecinos estaban ocupando lotes”.


Como para la gran mayoría “el alquiler era muy caro y era difícil costearlo, fue así que me sumé a la toma. Además era imposible acceder a un terreno, porque si pagas un terreno no te queda plata para el alquiler, y así siempre la misma lucha. Fue así que decidí sumarme. La toma no fue organizada por nadie, fue espontánea”, recordó la vecina.


En aquel caluroso verano “la toma comenzaba en la calle Formosa, entre Sor Picardo y Corrientes, hasta Schieroni, luego se extendió hasta la calle Zatti, pero era imposible sostenerla porque era en pleno febrero y hacía mucho calor. Con el tiempo me fui, hubo varias movidas, pero cuando empezó aflojar la cantidad de gente volví. Quienes nos quedamos lo hicimos por necesidad de acceso a la tierra, y de contar con una vivienda”.

 

En ese primer año “se plantearon dos grupos, por un lado algunos que queríamos construir y otros que decían que había que hacer una toma simbólica hasta que el Municipio decretara la Emergencia Habitacional. Hubo mucha discusión porque no estábamos de acuerdo en sostener la lucha en carpa. Además, la Emergencia Habitacional era obvia, entonces se dividió el grupo”.

 

De esta manera un sector, de la toma simbólica, se estableció de Schieroni a Zatti “y quienes decidimos construir nos quedamos en la zona que va desde Formosa hasta Schieroni. Así llegó el invierno y quedamos muchos menos”.

 

En aquel entonces “me separé de quien era mi pareja y entonces me fui a la casa de mi hermana. Con la plata que ahorré del alquiler, armé una pieza minúscula y me fui a vivir con mi bebé”. Era el polémico lote 16 que luego al igual que el resto de los terrenos fue a juicio de desalojo.

 

En dicho predio “empezamos a construir. Fui una de las primeras familias que hizo su casa de materiales, había otra gente que vivía en casilla. Por entonces no había, luz, tampoco, agua, nada. Pasamos ese momento y comenzaron a llegar las notificaciones de desalojo”.

 

Con la llegada de las primeras notificaciones “vimos quiénes necesitan la vivienda y estaban dispuestos a quedarse y quiénes no. Nosotros queríamos contactarnos con los dueños y llegar a un acuerdo de pago por los terrenos, o bien, la que nos parecía la idea más lógica era que el Municipio expropiara los lotes, como lo había hecho para el remate judicial. Que lo hiciera a favor de las familias y luego pagábamos en cuota, pero el Municipio nunca quiso, siempre puso trabas”.

 

Por lo expuesto, “quedó claro que lo que no se podía vender, intereses de por medio, después se vendió a precio muy barato, como ocurrió con el predio que compró el Supermercado. Ahí nos quedó la duda de porqué algunos querían la toma simbólica. El Supermercado se pudo instalar porque no había construcciones, pero que pasaba si alguien construía, nunca lo supimos, lo que si sabemos es que la gente del Supermercado compró las tierras a muy bajo precio”.


Juicios

 

Luego del primer año, llegó el segundo y con este los juicios, “estuvimos cerca de ocho años en juicio. Nosotros y las familias sucesoras la pasamos mal, ellos porque veían que sus tierras estaban ocupadas y nosotros porque habíamos puesto lo poco que teníamos para tener acceso a la vivienda y lo podíamos perder”.

 

Finalmente luego de idas y vueltas, amparos y reclamos, “salieron los juicios a favor de la sucesión Napp Somoza. Ellos reclamaban todo el predio, incluso el sector que tenía el Supermercado, pero en el juicio nos encontramos que había particulares que también reclamaban porque habían comprado, pero no tenían escritura, solo boleto de compra venta”.

 

Como “no era nuestra intensión perjudicar a una persona que buscaba al igual que nosotros el acceso a la vivienda, si tenían boleto de compra venta nos corríamos, íbamos por los espacios ociosos, los que nadie ocupaba”.

 

De esta manera, en el caso particular de Paula Suarez, “había ocupado justo la medianera y construido sobre el lote 16 y parte del 15, que era propiedad del abogado Cáccaro, él me dijo que no tenía escritura porque cuando compró el terreno era más caro la escritura que el valor del lote. Era todo especulación, porque cuando llegan los servicios esos lotes iban a valer mucho más. Con esa lógica de ir contra la especulación inmobiliaria es que nos sostuvimos en la toma”.

 

Desalojo
 

El primero de los juicios de desalojos que se ganó fue el iniciado por el abogado Caccamo, “había dos causas, por ejemplo el lote 16 lo reclamaba la sucesión, pero también Cáccamo en forma particular, ese fue el que más avanzó. Éramos dos personas que ocupábamos ese lote, en mi caso, justo en la medianera, finalmente quedó a favor del abogado, y tuvimos que derribar lo hecho y corrernos al lote 15”.

 

En aquel verano “hicimos de todo lo que teníamos que hacer, nos corrimos y fuimos al Municipio. Les decíamos compren todos los lotes y nos venden a nosotros, era la solución más potable, pero no nos dieron bola, fuimos a la provincia, pero no podían hacer nada, fuimos a Nación y la solución que nos dieron era que la Provincia accediera a tomar fondos nacionales, que comprara a los particulares y que nos vendiera a nosotros. De alguna manera nosotros teníamos que devolver la plata a la Provincia”.

 

Por esta vía, “obteníamos el financiamiento de Nación, por medio de la Provincia, pero el juicio estaba avanzado, nos preocupaba eso. Lo que nos dijeron fue que teníamos que apelar para que la Comisión Nacional de Tierras pudiera intervenir e iniciar la negociación. Llegamos a esa instancia, apelamos y vino gente de Nación”.

 

Durante la audiencia por el juicio “se planteo la posibilidad de que Nación pusiera los fondos, Provincia los tomara, se hiciera la compra y nos lo vendían. Parecía la solución. Incluso vino gente a tasar los lotes, pero se dio una interna política entre Nación y Provincia y todo quedó en la nada, eso fue en 2014”.

 

A raíz de esta situación, “la verdad que la pasamos muy mal, desde la Comisión Nacional nos dijeron que ya no podía avanzar, que armáramos una Asociación Civil para manejar los fondos y comprar los lotes. Lo hicimos, armamos la Asociación Civil, pero era todo muy engorroso, tardamos casi un año. Finalmente cambiaron los vientos en la política nacional, la tasación ya no correspondía, no era lo mismo. No se pudo avanzar y ya no había interés de parte de Nación”.

 

El juicio de desalojo siguió y quedó la sentencia firme, “no había más vuelta para apelar, había que tomar la decisión de pedir crédito para comprar el lote 16, pero había otra persona. No quedaba otra que pasar al lote, 15, nos salía más barato romper y corrernos de lote. Eso hicimos”.

 

Cuando “terminamos la construcción de la vivienda, cuando nos acomodamos y retomamos una vida casi normal me puse en contacto con el abogado Caccamo porque había que pagar las costas del juicio. Hicimos un acuerdo y en esas idas y venidas le comente que queríamos ponernos en contacto con los sucesores. Fue así que logramos el contacto con una de las sucesoras, por medio de ella nos ponemos en contacto con el hermano que era dueño del lote que ocupábamos. Ahí nos dimos cuenta que a los propietarios le llegaba otra otra información. Les decían que nosotros no queríamos negociar".

 

No obstante, "cuando nos pusimos en contacto eran super accesibles, llegamos a un acuerdo de precio y financiación, y así adquirimos finalmente el lote y hoy estamos mucho más tranquilo".

 

Si bien los vecinos no cuentan con los servicios básicos, están en plena gestiones para obtenerlos, principalmente el agua y gas para calefaccionarse en iniverno". 

 

 

 

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